miércoles, 30 de julio de 2014

La Danza de Jodorowky; Realidad veinticuatro cuadros por segundo



Dejando atrás las polémicas por el escaso apoyo que recibió por parte del país- no recibió la ayuda del Fondart y el Consejo de Calificación Cinematográfica la catalogó como apta para mayores de 18 años, cuando en ningún otro país se ha exhibido con esa restricción- se estrenó “La Danza de la Realidad”, del multifacético artista chileno Alejandro Jodorowsky, representando su regreso al cine tras veintitrés años de ausencia.

   Al Norte de Chile, en su natal Tocopilla, trascurre la historia que se sitúa en los años treinta, en el contexto de un país que sufre por las consecuencias de la “Gran Depresión” del ‘29 y que es gobernado por el general Carlos Ibáñez del Campo. Este escenario es el que da vida a La Danza de la Realidad, que no es otra cosa que un ejercicio autobiográfico audiovisual, donde Jodorowsky proyecta su infancia mostrándonos, cargado de simbolismos y metáforas, sus recuerdos, miedos y secuelas de una infancia marcada por dos grandes figuras: un padre autoritario, ateo y stalinista que imparte a su hijo una educación basada en la disciplina militar, evidenciando su incapacidad para demostrar afectos. Por otra parte esta su madre, que se erige como el pilar espiritual que lo marcará para el resto de su vida, mujer que no habla sino que canta cada palabra que pronuncia, representando tal vez la génesis de todo el imaginario surreal, mágico y místico que caracteriza al director.

A lo largo de un poco más de 2 horas, el psicomago y escritor entabla una relación dialéctica entre él, su padre y su hijo. No por casualidad Brontis Jodorowsky, su hijo en la vida real, interpreta al padre de Alejandro, pues la película oculta un solapado discurso sobre la paternidad y la reconciliación donde el nexo generacional es el propio cineasta, quien reconstruye su pasado valiéndose de la potencia inventiva y visual que trabajos anteriores lo preceden. 

La Danza de la Realidad escarba en los rincones más impolutos de la memoria para entregar como resultado un imaginario lleno simbolismos y bizarras alegorías, coloridos personajes que contrastan con la cruda tonalidad de su árido pueblo, travestis, personajes mutilados, prostitutas y payasos son parte del surreal y onírico mundo que (re)construye, trabajo que por momentos deja entrever cierta influencia en el gran legado de Federico Fellini.   



La obra puede dividirse en dos grandes bloques: en el primero muestra la conflictiva relación de Alejandro con su padre Jaime, para después precisamente centrarse en el viaje de aprendizaje que realiza este último, cuyo objetivo es matar al presidente, propósito que se diluye con el acaecimiento de situaciones que permiten un crecimiento espiritual, un viaje redentorio del alma que alecciona y moraliza. Alejandro Jodorowsky rompe con la simetría patriarcal y opera como padre de su padre, otorgando una moraleja psicomágica potente llena de belleza y onirismo.  

Si en Fando y Lis trataba la búsqueda de la unión de lo masculino y femenino, lo racional con lo  irracional. El Topo la búsqueda de la iluminación y el camino de la bondad. La Montaña Sagrada se exhibía una verdadera enciclopedia de símbolos y un viaje chamanístico con resabios de una crítica a la sociedad moderna, sus intereses y acciones. Y en Santa Sangre se analizaban los problemas psicológicos y su relación con el árbol genealógico de sus personajes. La Danza de la Realidad es la reconstrucción de un pasado bajo el visionario de un niño, que no busca rememorar los hechos bajo el fragor de la objetividad, sino más bien pretende cimentar y edificar un aprendizaje propio, un ejercicio de sanación personal mediante el cual busca reconciliarse con su pasado y sus seres queridos, trabajo que pone al servicio del espectador para ser homologado por quien lo vea y rescate su mensaje.

Una película intimista y realizada desde la vereda de los afectos, no apta para todo espectador y menos para quien desprecie el cine de autor, en cambio un deleite para los aficionados y seguidores del cineasta, donde este las oficia de director, padre, hijo, maestro y juez de sus propios recuerdos.

Pd: Mención a Adanowsky (Adán Jodorowsky) por el gran soundtrack del film.

Paulo.

Aquí dejo el trailer.



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