viernes, 26 de septiembre de 2014

“El Verano de los Peces Voladores”; Una respuesta generacional a un problema intergeneracional.



Manena, una joven de 16 años y su acomodada familia burguesa pasan las vacaciones de verano en su fundo ubicado en el brumoso sur de Chile. Aquí gozan de todos los privilegios que alguien pudiera desear, acompañados además de un paisaje excepcional, adornado por animales, el bosque nativo y una laguna, la cual tiene un problema: está atiborrada de carpas. De este hecho nace la obsesión de Pancho Ovalle, padre de Manena, quien tras probar varias fórmulas decide dinamitar la laguna y así exterminar la plaga.

Bajo este contexto transcurren situaciones que por el fragor de las risas y las fiestas los miembros de la familia parecen ignorar. Animales colgados y cortes de luz reiterados, entre otros actos, son la manifestación de un conflicto latente que se cobija en la tranquilidad del bosque, uno que data de años de postergación e invisibilidad: el conflicto mapuche.

Una suerte de ópera prima de Marcela Said, pues sus controvertidos trabajos anteriores “I Love Pinochet”, “Opus Dei” y “El Mocito” se enmarcan dentro del género documental. Sin embargo, en esta oportunidad la realizadora da un brinco para adentrarse en la ficción, entregando como resultado “El Verano de los Peces Voladores”, una obra que retrata la desconfianza y el clima de tensión acaecido en el sur, acerca de un tema que como país aún no zanjamos.

Ciertamente este es un relato muy distinto a lo que nos tenía acostumbrados Said, ya que en esta oportunidad opta por mostrar de una forma indirecta los actos reivindicatorios, nunca mostrando la violencia de manera explícita, sino más bien como un hecho contenido y solapado, pero presente, cuestión que permite la tensión constante en el transcurso del largometraje.



En los 95 minutos que dura la cinta asistimos al despertar sexual y la primera decepción amorosa de Manena. Pero la historia no se queda ahí, sino que se encarga de mostrar el despertar de la conciencia rebelde de la protagonista, que se plasma en una actitud confrontacional hacia sus padres, donde en una especie de andar catártico va poniendo en duda la veracidad y tino de sus opiniones. Así, la obra transcurre bajo un lente que refleja contrastes: por un lado el imponente y hermoso paisaje sureño, mientras por otra parte el indolente trato hacia los empleados mapuches y la incapacidad de empatía y comprensión de Pancho Ovalle, tanto hacia su hija –desarrollando un enfrentamiento generacional—como hacia los indígenas que habitan y trabajan en el lugar.

El conflicto mapuche es tocado de manera indirecta, donde Manena ve chocar a su alrededor los límites de una vida privilegiada con el conflicto que se presenta ante sus ojos. Así, la atmosfera en la que nos sumergimos es una de tensión constante, donde los actos vandálicos son mostrados en su concreción misma junto a las consecuencias que acarrea, más que en su elaboración previa. El hecho que marcará la radicalización de dichos actos será el cercamiento que Pancho Ovalle hará de su fundo, impidiendo que los mapuches puedan entrar a los límites de este a cazar animales. Desatando un enfrentamiento que llevará finalmente al uso de las armas, desencadenando la muerte de los “intrusos” y el dialogo de Ovalle con carabineros y tribunales de justicia, cuestiones que no parecerán preocuparle por la tranquilidad y seguridad que le otorga la posición social que detenta, junto a la visión sesgada que tiene de lo que acontece. En definitiva, la obsesión personal -y a ratos enfermiza- de Ovalle con las carpas que invaden su laguna, es la analogía implícita con la animadversión que generará en él la irrupción de mapuches en su fundo, quienes al igual que las carpas terminarán lamentando el mismo destino.

La posición que se toma para narrar la historia refleja un trasfondo bastante calculado, en ocasiones demasiado evidente, ideologizante, pero ello no necesariamente significando que caiga en la demagogia. Por otra parte el uso de ciertas metáforas y simbolismos es un elemento que en definitiva no engrandece ni ayuda a la película, sino que traba su desarrollo. A esto se suma que queda la sensación de que se pudo cerrar de mejor manera algunas cuestiones tratadas, pues se sugiere mucho pero no se concretan ciertas aristas, tal vez por el exceso de estas. Sin embargo se debe tener en cuenta que este es el primer film de ficción de la realizadora, lo que sienta las bases para prometedores futuros trabajos en el área.

Con una hermosa dirección de fotografía de Inti Briones y un guión caracterizado por diálogos breves pero muy consistentes –escrito por Julio Rojas y la misma Marcela Said-- “El Verano de los Peces Voladores” es una película de la cual se puede asegurar se conservará bastante bien en el tiempo, dado que la temática social y política plasmada se abre al debate sin tener aún una fecha de caducidad.


Paulo Silva Ibarra

   

miércoles, 30 de julio de 2014

La Danza de Jodorowky; Realidad veinticuatro cuadros por segundo



Dejando atrás las polémicas por el escaso apoyo que recibió por parte del país- no recibió la ayuda del Fondart y el Consejo de Calificación Cinematográfica la catalogó como apta para mayores de 18 años, cuando en ningún otro país se ha exhibido con esa restricción- se estrenó “La Danza de la Realidad”, del multifacético artista chileno Alejandro Jodorowsky, representando su regreso al cine tras veintitrés años de ausencia.

   Al Norte de Chile, en su natal Tocopilla, trascurre la historia que se sitúa en los años treinta, en el contexto de un país que sufre por las consecuencias de la “Gran Depresión” del ‘29 y que es gobernado por el general Carlos Ibáñez del Campo. Este escenario es el que da vida a La Danza de la Realidad, que no es otra cosa que un ejercicio autobiográfico audiovisual, donde Jodorowsky proyecta su infancia mostrándonos, cargado de simbolismos y metáforas, sus recuerdos, miedos y secuelas de una infancia marcada por dos grandes figuras: un padre autoritario, ateo y stalinista que imparte a su hijo una educación basada en la disciplina militar, evidenciando su incapacidad para demostrar afectos. Por otra parte esta su madre, que se erige como el pilar espiritual que lo marcará para el resto de su vida, mujer que no habla sino que canta cada palabra que pronuncia, representando tal vez la génesis de todo el imaginario surreal, mágico y místico que caracteriza al director.

A lo largo de un poco más de 2 horas, el psicomago y escritor entabla una relación dialéctica entre él, su padre y su hijo. No por casualidad Brontis Jodorowsky, su hijo en la vida real, interpreta al padre de Alejandro, pues la película oculta un solapado discurso sobre la paternidad y la reconciliación donde el nexo generacional es el propio cineasta, quien reconstruye su pasado valiéndose de la potencia inventiva y visual que trabajos anteriores lo preceden. 

La Danza de la Realidad escarba en los rincones más impolutos de la memoria para entregar como resultado un imaginario lleno simbolismos y bizarras alegorías, coloridos personajes que contrastan con la cruda tonalidad de su árido pueblo, travestis, personajes mutilados, prostitutas y payasos son parte del surreal y onírico mundo que (re)construye, trabajo que por momentos deja entrever cierta influencia en el gran legado de Federico Fellini.   



La obra puede dividirse en dos grandes bloques: en el primero muestra la conflictiva relación de Alejandro con su padre Jaime, para después precisamente centrarse en el viaje de aprendizaje que realiza este último, cuyo objetivo es matar al presidente, propósito que se diluye con el acaecimiento de situaciones que permiten un crecimiento espiritual, un viaje redentorio del alma que alecciona y moraliza. Alejandro Jodorowsky rompe con la simetría patriarcal y opera como padre de su padre, otorgando una moraleja psicomágica potente llena de belleza y onirismo.  

Si en Fando y Lis trataba la búsqueda de la unión de lo masculino y femenino, lo racional con lo  irracional. El Topo la búsqueda de la iluminación y el camino de la bondad. La Montaña Sagrada se exhibía una verdadera enciclopedia de símbolos y un viaje chamanístico con resabios de una crítica a la sociedad moderna, sus intereses y acciones. Y en Santa Sangre se analizaban los problemas psicológicos y su relación con el árbol genealógico de sus personajes. La Danza de la Realidad es la reconstrucción de un pasado bajo el visionario de un niño, que no busca rememorar los hechos bajo el fragor de la objetividad, sino más bien pretende cimentar y edificar un aprendizaje propio, un ejercicio de sanación personal mediante el cual busca reconciliarse con su pasado y sus seres queridos, trabajo que pone al servicio del espectador para ser homologado por quien lo vea y rescate su mensaje.

Una película intimista y realizada desde la vereda de los afectos, no apta para todo espectador y menos para quien desprecie el cine de autor, en cambio un deleite para los aficionados y seguidores del cineasta, donde este las oficia de director, padre, hijo, maestro y juez de sus propios recuerdos.

Pd: Mención a Adanowsky (Adán Jodorowsky) por el gran soundtrack del film.

Paulo.

Aquí dejo el trailer.